Bienvenid@s

En busca de la desnudes de una barda que permita anclar aquel símbolo de las manifestaciones filosóficas, donde se permitan libremente los bosquejos de aquellas manifestaciones de característicos desarrollos intelectuales, introductorios a la psicología y motivados por la urgente necesidad de una epistemología de la investigación educativa en el municipio de Nezahualcóyotl; este espacio llega hasta todo estudiante del Instituto de Educación Superior Emiliano Zapata a quien de manera añorante y cariñoza denominamos UAEZEM y que servirá de catársis y discusión según las tendencias del tema.

viernes, 30 de noviembre de 2012



Divagando en una de esas tan variadas orillas del apretujado transporte en que monté camino para el trabajo, en una de esas mañanas llenas de vaho madrugador en las que el sol está por desgarrarse las vestiduras y no por asombrarse de las vicisitudes políticas o humanas del país sino porque día a día es función del astro doblegarse a las leyes de la naturaleza; inicié la lucubración del porqué de un berrinche infantil ante la ausencia del padre.

El niño de apenas 5 años aproximadamente subió ayudado por su madre al transporte mientras soltaba amargo llanto y de manera aquejada soltaba la consigna “¡quiero a mi papá!”, a lo que la madre le hacía brincar entre sus piernas y trataba de inicialmente, consolar con un “ya, ya al rato lo ves” y posteriormente con enfado le zangoloteaba tratando de aplacar su sufrimiento.

En torno a la búsqueda de aplacar tal conducta sin necesidad de presentar un estímulo aversivo giró el debate interno; ¿Qué hacer para que en breve, con una simple instrucción o seña cambie de actitud el niño? Primeramente tendríamos que saber el motivo real por que el niño llora, si partimos del supuesto que sufre por que ha dejado al padre, podemos valorar que no es la presencia corpórea del padre la que le procura placer o sufrimiento ya que la memoria de todo sujeto se dirige mediante símbolos, por lo tanto no es al cuerpo paterno sino la figura simbólica del padre aquel objeto que requiere para cesar de llorar, Jacques Lacan habla del deseo ante el objeto perdido como una añoranza que nace no por la ausencia sino por la necesidad de salvar un espacio vacío que provoca ansiedad, la tensión como resultado de algo faltante y es el objeto el canal por el que tal tensión surge como manifestación en una conducta, lo que Freud llamó acting out.

En el psicoanálisis el acting out es la conducta que el sujeto presenta como una puesta en escena inconsciente, a través de la cual es solicita la emergencia del llamado y por medio de la cual el inconsciente se vale para engañar al consciente, dramatizando si es necesario para lograr saciar tal necesidad de atención. Entonces ¿cómo responder a tal situación angustiante para el sujeto?, el terapeuta tendrá que valorar el canal perceptual y trabajar en esa línea con algún estímulo que logre cambiar el sentido de cómo el niño aprecia tales circunstancias, pero para esto es necesario tener más información.

La madre paga su pasaje e indica bajar en “la calle del Hospital” cuestión que puede aportar un grado de clarificación al problema, el niño elaboró un mecanismo de defensa de transferencia ante la angustia generada por la idea de ir a un centro de salud -situación que es aversiva para la mayoría de infantes- y por lo tanto la ansiedad generada ante la idea de ir al hospital y la incapacidad de manifestar claramente una negativa ante la madre, encontró una zanja por la cual desbordar tales presiones emocionales mediante la ausencia de la figura salvadora del padre, como el pretexto ideal para llorar con intensa tristeza. De pronto el llanto del niño paró ante el sencillo movimiento de la mano izquierda de la madre quien trataba de abrir la ventana más cercana a la amalgamada pareja; el sujeto calló y puso toda su atención en tal acción. El simbolismo de la ventana como una promesa de escape pareció representar un instante de disyuntiva emocional, donde la posibilidad de evitar las angustias era posible ante la apertura física de un túnel emocional y que blandeaba el potencial escape; por unos instantes el objetivo era alcanzado por el canal visual de la percepción del infante, pero luego continuó con sus manifestaciones; la pareja dejó el transporte y caminó hacia su destino, sin embargo el origen dinámico de los pensamientos logró recapturar la atención del niño por la vasta gama de estímulos por lo que la memoria se activa y por lo que ningún sujeto pudiera cambiar de manera inmediata una conducta y mucho menos cuando ésta se basa en los recuerdos.

La invitación de este primer texto es criticar, colaborar, distorsionar y hasta copiar si así lo creen conveniente, esperando sus aportes, por hoy concluyo con el acostumbrado saludo revolucionario de su buen vecino el sorprendente hombre gustrago.

1 comentario:

Escribe aquí tu comentario